¿Cómo crear un código QR gratis?
Código estático o dinámico, tamaño de impresión correcto y prueba previa
En lo técnico la respuesta cabe en una frase: usted escribe una dirección, aparece el cuadrado de puntos, lo descarga y lo imprime. Lo que confunde a todo el mundo viene justo después. Unos sitios regalan el código y otros piden una cuota mensual; en un lado se lee «su código vencerá en 14 días» y en el otro se afirma que un código QR no muere nunca.
Las dos afirmaciones son ciertas, porque bajo el mismo nombre conviven dos productos distintos. Abajo verá primero qué los separa, después cuál conviene a cada encargo y al final las reglas de tamaño y comprobación que deciden si el código impreso se dejará leer en la calle.
Un código QR es el propio texto, dibujado
Un código QR no es una cuenta, ni un archivo, ni un servicio: es una escritura trazada en forma de cuadrados. Cuando usted graba dentro «susitio.com/menu», el teléfono que lo escanea lee exactamente esa cadena de letras, entiende que se trata de una dirección y abre el navegador. Dicho de otro modo, entre el código y la dirección no hay ninguna ficha guardada, ningún servidor consultado ni ninguna cuenta abierta en alguna parte: la dirección está dentro del dibujo.
De ahí salen dos consecuencias. La primera es que fabricarlo sale gratis, y es lógico que así sea: a cambio nadie tiene que guardarle nada. En la página Generador de códigos QR el dibujo se traza en cuanto usted escribe la dirección y se lleva un PNG; no se pide registro porque no hay nada que registrar. La segunda es que el texto encerrado en el código no se puede modificar: los cuadrados se ordenaron según ese texto, así que cambiar la dirección equivale a dibujar un código nuevo.
Tampoco tiene que llevar forzosamente una dirección: un texto llano, un número de teléfono o los datos de una red inalámbrica también se codifican. Pero la capacidad tiene tope: una dirección corta entra sin problema, una página entera de texto no. En lugar de enterrar un texto largo en el dibujo, publíquelo en una página y codifique la dirección de esa página: el código sale más pequeño y se lee mucho mejor.
«Su código está por vencer»: ¿de cuál hablan?
Circulan dos familias de códigos QR. El código estático es el que acabamos de describir: el destino está grabado en el dibujo. No exige suscripción, no depende de nadie y no vence — mientras la dirección que lleva dentro siga en línea, el código funciona. Un código estático impreso hace diez años abre hoy exactamente la misma dirección.
El código dinámico, en cambio, no guarda el destino sino una dirección intermedia. Quien escanea llega primero a ese servicio y el servicio lo reenvía a la página verdadera. La ventaja es real: puede cambiar el destino sin tocar lo impreso y contar cuántas personas escanearon. El costo lo es igual: queda atado al proveedor que mantiene viva la dirección intermedia. El día en que el pago se corta, o bien la empresa baja la persiana, esa dirección muere y todos sus códigos impresos se convierten en cuadrados que no llevan a ninguna parte.
El aviso «su código está por vencer» pertenece entonces al segundo producto. Lo que vence no es el código, sino la cuota que alquila la dirección intermedia. Casi todos los servicios con prueba gratuita le entregan un código dinámico; terminada la prueba, el código deja de servir. Reconocer el suyo es sencillo: escanéelo con un teléfono y mire la dirección que anuncia. Si es la de su propio sitio, el código es estático; si es una dirección corta de un proveedor que no conoce, es dinámico.
¿Cuál conviene en cada encargo?
La decisión depende de una sola pregunta: una vez impreso, ¿puede cambiar el destino? El código de una invitación de boda apunta a un sitio conocido de antemano y nadie volverá a escanearlo después de la fiesta: el estático sale gratis y sin complicaciones. Con una tarjeta de presentación pasa lo mismo: si cambia su dirección, de todos modos mandará a imprimir tarjetas nuevas.
La carta de un restaurante es el caso ambiguo. Si el código está pegado en la mesa y el menú vive en su propio sitio, el estático alcanza: cuando suben los precios usted actualiza la página y la dirección sigue igual. La necesidad de un código dinámico aparece solo cuando también cambia la dirección de destino: un cartel que salta de una promoción a otra, una vitrina que apunta a una página distinta según la temporada.
Si sabe montar una redirección en su propio sitio, hay un tercer camino: grabe en el código una dirección fija alojada en su dominio y decida usted mismo a dónde apunta. Así cambia el destino sin tocar lo impreso y sin quedar atado a la cuota de nadie. Es la única solución que da la ventaja del código dinámico sin pagar alquiler.
- Boda, invitación, tarjeta de felicitación → código estático, el destino no cambia
- Tarjeta de presentación y folleto → código estático; si el dato cambia, igual se reimprime
- Carta pegada en la mesa → código estático hacia una página fija de su sitio
- Campaña de carteles que cambia de página por temporada → dinámico o su propia redirección
- Número de serie o referencia de artículo → aquí no sirve un QR: hace falta un identificador que se lea en caja y en depósito
Para que se lea impreso: tamaño, margen, contraste
Cuando un código impreso se niega a funcionar, la causa es casi siempre una de estas tres. La primera es el tamaño: cuanto más lejos vaya a escanearse, más grande hay que imprimirlo. La proporción que se usa en el oficio es la décima parte; un código pensado para leerse a dos metros mide entonces unos veinte centímetros de lado. En una carta sostenida con la mano o en una tarjeta, la distancia de lectura ronda los veinte o treinta centímetros y bastan dos o tres centímetros. Como es una proporción, nunca queda anticuada: divida la distancia entre diez y ese resultado es el lado del código.
La segunda es el margen alrededor. Hay que dejar en los cuatro lados un marco vacío tan ancho como cuatro de sus propios cuadraditos; por ese respiro el lector entiende dónde termina el código. En el diseño, encerrarlo en un filete, pegarle un texto contra el borde o dejar que una mancha de color se le monte encima devora ese margen y lo vuelve ilegible. El archivo que descarga ya trae el margen incluido: mientras no lo recorte, la regla se cumple sola.
La tercera es el contraste. El código debe ir oscuro sobre fondo claro. Invertirlo — dibujo claro sobre fondo oscuro — falla en muchos lectores. Si imprime en color, mantenga el lado oscuro realmente oscuro: la diferencia entre un gris claro y el blanco se pierde ante la cámara de un teléfono. Evite también los fondos transparentes o con estampado.
- Lado del código = distancia de lectura ÷ 10 (2 metros → unos 20 cm)
- En soportes que se sostienen con la mano — tarjeta, carta, invitación — mínimo 2 cm
- Dejar en los cuatro lados un margen vacío del ancho de cuatro cuadraditos del código
- Código oscuro sobre fondo claro; nunca invertido
- El papel brillante devuelve la luz y estorba la lectura: prefiera papel mate
Pruebe antes de mandar a imprimir
Descubrir que el código no se lee después de haber tirado mil folletos es el error más caro de todo este asunto, y evitarlo lleva cinco minutos. No se conforme con la vista previa en pantalla: imprima el código a tamaño real en una hoja, tal como quedará dentro del diseño.
Haga la prueba en condiciones reales: si el código irá en la pared, cuélguelo y aléjese; si irá pegado en una mesa, pruébelo sentado. Escanee con dos o tres teléfonos distintos, porque el enfoque y el comportamiento con poca luz cambian mucho de un aparato a otro.
Mire además con atención la dirección que aparece tras el escaneo: el teléfono muestra el destino antes de abrir el navegador. Una sola letra mal escrita deja el código técnicamente perfecto e inútil en la práctica. Si el soporte se va a plastificar o a pegar detrás de un vidrio, repita la prueba en ese estado: los reflejos suelen dar más problemas que la propia impresión.
Logotipo, color y estética: ¿hasta dónde?
Meter un logotipo pequeño dentro de un código QR se puede, porque el dibujo trae a propósito una reserva de corrección: aunque quede tapada una parte de los cuadrados, el lector todavía recupera el texto con el resto. Esa reserva, eso sí, no es infinita. Coloque el logotipo bien en el centro y manténgalo chico; no toque los tres cuadros grandes de las esquinas ni los bordes, porque son las señales que el lector busca primero para ubicar el código.
En cuanto agrega un logotipo o color, la prueba deja de ser opcional: nadie puede calcular a ojo cuánta reserva de corrección se ha gastado ya.
Preguntas frecuentes
¿Crear un código QR es realmente gratis?
Sí. Como el destino queda grabado en el dibujo, después no hay ninguna ficha que alguien deba conservar por usted; los servicios de pago no venden el código, sino la redirección y las estadísticas. En la página Generador de códigos QR basta con escribir la dirección y descargar el PNG, sin registro.
¿Va a caducar el código QR que hice?
Un código estático no caduca. Lleva la dirección dentro y sigue funcionando mientras esa dirección siga publicada. Los avisos de plazo pertenecen a los servicios dinámicos, que graban una dirección intermedia en el código: lo que vence allí es la cuota que alquila esa dirección, no el código.
¿Puedo cambiar el destino después de imprimir?
Con un código estático no: la dirección está encerrada en el orden de los cuadrados. Existe sin embargo una salida práctica: grabe en el código una dirección fija de su propio sitio y modifique más adelante hacia dónde redirige esa dirección. El código impreso queda igual y la página de llegada cambia.
¿De qué tamaño hay que imprimirlo?
La regla práctica es dividir entre diez la distancia de lectura: unos veinte centímetros para un código que se escanea a dos metros, y dos o tres centímetros para una carta o una tarjeta que se sostienen con la mano. Por debajo de dos centímetros de lado, muchos teléfonos empiezan a fallar.
¿Código QR o código de barras para mis productos?
No hacen el mismo trabajo. El QR lleva al cliente hasta una página; el código de barras carga un número de identificación pensado para leerse en la caja y en el depósito. Para un empaque, un estante o una etiqueta de inventario lo que importa es el identificador; para mandar a una ficha de producto, el QR. Verlos juntos en la misma etiqueta es habitual.
Última actualización: 27 de agosto de 2026